Seguir caminando juntos
Hay campañas que se explican con una tabla. Y hay otras que necesitan contexto. Esta es una de ellas.
Por Pablo Coria -. El 15 de febrero comenzó un nuevo desafío en la Primera B Metropolitana después de 34 años. El debut fue el empate 1-1 frente a Dock Sud. Desde entonces pasaron 161 días y se disputaron 27 partidos, prácticamente uno cada seis días.
Pero el recorrido fue mucho más que una sucesión de fechas.
Comenzó un nuevo ciclo. Llegó un cuerpo técnico con una idea diferente, se conformó un plantel con muchos nombres nuevos y, al mismo tiempo, el club volvió a mirar hacia adentro. Debutaron futbolistas surgidos de las inferiores y varios juveniles terminaron de consolidarse como piezas importantes.
Mientras todo eso se iba construyendo, los resultados también aparecieron.
Hoy Arsenal suma 51 de los 81 puntos en juego, con una efectividad cercana al 63%. Ganó 14 partidos, empató 9 y perdió apenas 4, la menor cantidad de derrotas del campeonato. Convirtió 37 goles, recibió solo 19 y mantuvo el arco en cero en 13 oportunidades.
Entre los equipos de arriba fue uno de los que más empató. Tal vez ahí estén algunos puntos que hoy lo separan de la cima. Pero también hay un dato que dice mucho: frente a los rivales que pelean el campeonato respondió. Les ganó a tres y empató con otro.
Y ese quizás sea el mayor mérito. Hubo que construir un equipo, encontrar una identidad, darle lugar a los chicos del club y competir al mismo tiempo. No hubo tiempo para esperar. Había que crecer mientras la pelota seguía rodando.
Hay imágenes que valen más que cualquier estadística. La de los hinchas rivales cuando Arsenal visita su cancha. El festejo desmedido por una victoria, el alivio de rescatar un empate o la sensación de haber superado una prueba importante. Son imágenes que hablan del respeto que genera este club.
Porque la categoría cambió, pero la historia no. Arsenal sigue siendo Arsenal. Un club que escribió páginas importantes del fútbol argentino e internacional y que, aun en un nuevo desafío, conserva el respeto que solo se ganan los equipos con historia. Nadie enfrenta a Arsenal como a un rival más. Y eso no se consigue por casualidad, sino por todo lo construido a lo largo de los años.
También se entiende al hincha. Se entiende la ansiedad, las ganas de ganar siempre y la bronca cuando un resultado no acompaña. Cada sábado, en la cancha, en la tribuna o en las redes sociales, todos nos sentimos un poco técnicos. Todos opinamos, analizamos y queremos encontrar respuestas. Es el fútbol. Es la pasión por estos colores.
Pero también hay momentos en los que la mejor decisión es confiar. Confiar en un cuerpo técnico que le dio identidad al equipo. Confiar en un plantel que no deja de crecer. Confiar en un grupo que nunca dejó de competir y que, aun en los momentos difíciles, sostuvo una idea.
Porque creer no significa pensar que todo está ganado. Creer es mirar hacia atrás, ver todo lo que se construyó en apenas 161 días y entender que hay motivos para ilusionarse.
La ansiedad será siempre del hincha. Es parte del fútbol. Pero la tranquilidad tiene que nacer de este equipo. Porque cuando hay trabajo, identidad, sentido de pertenencia y un escudo con la historia de Arsenal, la ilusión deja de ser un simple deseo y empieza a apoyarse en hechos.
Quedan quince partidos. Quince capítulos por escribir. Nadie sabe cómo terminará esta historia. El fútbol no ofrece garantías y eso también forma parte de su esencia. Pero si estos 161 días dejaron una certeza, es que este equipo volvió a despertar algo que va mucho más allá de los puntos y de la tabla: la ilusión.
Más allá de cómo termine el campeonato, Arsenal recuperó algo muy valioso. Volvió a ser un equipo competitivo, respetado y protagonista. Volvió a mirar de frente a todos. Y volvió a hacer que su gente crea.
Ahora solo queda seguir caminando juntos. Con la misma humildad. Con la misma convicción. Y con la ilusión intacta de que lo mejor todavía está por escribirse.
