Buenos Aires,

 

 

27/04/2020
 Alejandro Limia: “Con el Gato nos imaginamos y soñamos dirigir Arsenal"

Otro vivo imperdible de HDA. Esta vez quién nos regaló casi 3 horas de nota fue Alejandro Limia, héroe de Arsenal en el ascenso del 2002 como así también en los primeros años del Viaducto en Primera. Recorrimos su carrera, su regreso a Sarandí y su actualidad como ayudante de campo de Esmerado en Almagro.

 

 

 

Alejandro Limia ha sido de los mejores arqueros que tuvo el Viaducto a lo largo de su historia. Y sin dudas también uno de los más importantes al ser clave en el primer ascenso del 2002 y formar parte del plantel en la obtención de la Copa Argentina 2013. A lo largo de estos ciclos en Sarandí, le tocó conocer a dos personas muy especiales en su vida, “tengo el placer y orgullo que el Gato Esmerado y el Chispa Coldeira se hayan cruzado en mi camino, el Chispa es un hermano, se alegraba de mis éxitos y me corregía los errores a pesar de que competía por el puesto conmigo, mientras que con el Gato Esmerado nos conocimos en inferiores de Lanús, aunque nuestra relación se afianzó cuando fuimos a Arsenal”. Con ellos dos conforma el cuerpo técnico que actualmente encabeza las filas de Almagro. 


 



Alejandro no quiso dejar de mencionar a otro amigo que le dejo el fútbol y actualmente se encuentra en México, “Cristian Campestrini es un gran amigo, cuando yo estaba en Unión y él en Arsenal hablábamos todos los días y todavía no habíamos compartido plantel. Es un enfermo del arco y me alegro la gran carrera que está haciendo. Me acuerdo de que juntos vivimos momentos muy lindos, incluido la Copa Argentina. Era muy importante en ese vestuario y fue artífice de todos los logros obtenidos”. Asimismo, agregó que “tengo una de las fotos más lindas de mi vida junto a Campe, en ella estamos con la Copa”, se emociona por primera (y no última vez) en la nota.
 



 
A la hora de analizar sus características como arquero, Ale afirmó que “era rápido de piernas y trataba de estar bien parado siempre. No me gustaba tirarme”. En sus inicios en Lanus recuerda que iba al banco de la Primera y atajaba en Reserva, “salimos campeones y casi todos nos fuimos para tener más rodaje (Pato González, Gato Esmerado, Dante Ciglic, Cristian Alvarez, Pablo Mannara, entre otros)”. En ese momento le tocó el primer gran desafío de su carrera, lejos de los seres queridos y en otro país, “era importante porque antes de irme a Badajoz, que en ese momento lo manejaba Marcelo Tinelli, estudiaba Ciencias de la Comunicación y Periodismo Deportivo, me acuerdo que cuando llegue allá el técnico era Toti Iglesias y necesitaba un arquero para competir”.

Pero lo más importante de su carrera ocurriría después, “el día que llegué a Arsenal en los vestuarios había un olor a humedad espantoso, no había luz y los espejos parecían de los colectivos. Me acuerdo de que cuando le pedí ojotas y vendas al viejo José (utilero) me dijo de todo menos lindo”. En el Arse comenzó siendo suplente de quién sería su gran amigo Coldeira pero logró sacarle el puesto para no largarlo más. Allí compartiría plantel con Esmerado y Dante Ciglic (compañeros también en Lanus). 


 


 

Alejandro no dudó en afirmar que “el equipo del ascenso lo podemos dividir en antes de la llegada de Burruchaga y después de su llegada, pero el grupo ya estaba armado, solo necesitábamos un guía”. A la hora de recordar esa temporada histórica, contó que “en esa campaña le veníamos ganando a todos y fuimos a Rosario a jugar contra Central Córdoba, que venía muy mal. Perdimos 3 a 2 y me acuerdo de que cuando volvíamos en el micro Jorge (Burruchaga) subió al segundo piso y tuvimos la charla del ascenso. Ahí nos dijo que no éramos invencibles pero que si estábamos bien nadie nos podía ganar”. También quiso destacar otros encuentros como puntos de inflexión, “otro partido importante fue con Godoy Cruz, el primero del reducido. Perdimos 2 a 1 y te aseguró que el vestuario era campeón, nos decíamos entre nosotros que en Buenos Aires le hacíamos 4. Y así pasó”, afirmó orgulloso.
Ya en partidos decisivos, recuerda que “en los 2 partidos de semifinal contra El Porvenir no la toqué, por más que era un equipo durísimo los anulamos completamente, éramos ganadores y sabíamos que si jugábamos bien no nos ganaba nadie”, cerró.


 


 

De la fría y lluviosa tarde del 18 de mayo, el ídolo del Arse nos contó entre lagrimas que “el ascenso fue un logro personal enorme. Primero fue haberlo vivido con ese grupo de amigos, aún tenemos un grupo de WP y parece que fue ayer. Fue un día imborrable también porque lo festeje con mi viejo y le pude decir que todo lo que logre fue gracias a él, alambre de por medio. Verlo llorar a él fue increíble. Imaginate que cuando firme el primer contrato profesional me dio la mano felicitándome por eso y por haber terminado la secundaria. Él quería que siga estudiando”, recordó.


Ya en Primera División muchos arqueros vinieron a competir contra él pero su nivel nunca permitió que ni siquiera debuten. Bajo esta premisa, afirmó que siempre motivó a entrenar al 100% a todos sus compañeros, “el Rifle Dreer fue suplente en mi último año antes de ir a España y siempre intente ayudarlo. Tanto a él como a Luquitas Echenique les decía que no regalen nada en los entrenamientos y que cuando agarren el arco lo mantengan con los dientes porque van a tener mucha gente atrás que se los quiera sacar”. Hasta el día de hoy, Esteban Dreer, de extensa y exitosa carrera, recuerda a Limia como un maestro.

Pasaron muchos años dónde Arsenal no sufría por el descenso y hasta se daba el lujo de clasificar a su primera copa internacional en 2004. Limia siempre fue clave en dichas temporadas, tal es así que estuvo muy cerca de ser convocado por Pekerman, “estuve cerca de ir a la Selección. En el momento que me iba a Cádiz, Julito Grondona me había dicho que iba a estar citado para la Copa Confederaciones 2005. Desgraciadamente en mi primer entrenamiento en España me fracturé el pómulo y se acabó mi sueño de selección. Tenía posibilidades para ir como tercer arquero, detrás del Pato Abbondanzieri y Leo Franco”, recordó. 


Al seguir una línea cronológica, su carrera continuó en España, “cuando llegó a Cádiz había solo un argentino y era Matias Pavoni. Él jugo en Central Córdoba el año que ascendimos y lo primero que me dijo cuando me vio fue que los hermanos Espínola lo cagaron a patadas”, bromeó entre risas. En su segunda experiencia en aquel país tuvo muy lindos momentos y otros no tanto. Uno de los felices fue sin dudas en Barcelona, “el día que le ataje el penal a Samuel Eto’o en el Camp Nou estaba Don Julio. Me buscó cuando terminó el partido para saludarme y no lo podía creer”. A su vez, no dudó en decir que “el viejo San Mamés tenía un ambiente increíble, lo que sentí en esa cancha no lo sentí ni en el Camp Nou. Cuando me tocó jugar ahí el estadio era una caldera”, recordó todavía asombrado.
A la hora de mencionar los momentos no tan buenos, señaló que
“el descenso con Cádiz fue lo peor que me pasó en mi carrera. En el vestuario, el Toto Berizzo estaba al lado mío consolándome mientras lloraba”.


 


Su regreso a la Argentina se dio porque “quise irme de Europa ya que extrañaba a mis amigos y a mi familia. Extrañas las pequeñas cosas cuando te vas, pero después me arrepentí de hacerlo. Volví a Huracán y me costó adaptarme a Argentina. Me surgió la posibilidad de América de Cali y no lo dude. Sabía que había ido a un club inmenso, pero no sabía que realidad había. El primer día que fui a entrenar había dos personas de seguridad armados con Ítaca”, contó.
A pesar de esto, el arquero surgido en Lanus dijo que “viví cosas increíbles en Colombia, compartí plantel con Wilson Morelo, Duván Zapata, Carlos Váldes, Adrián Ramos, Leider Preciado, Jerson González y Diego Chara, que era un jugador impresionante”, recordó.


Ya en 2010 decide regresar al país -y sería de forma definitiva-. Unión le abrió las puertas y él le devolvió toda la confianza con su sobriedad característica en el arco. Allí también logró un recordado ascenso que hasta el día de hoy lo catapulta como ídolo. Fueron 3 años en Santa Fe hasta que decidió irse, “el primer momento que pensé en retirarme fue en Unión y me llamó Julito para decirme que tenía que retirarme en mi casa, que incluyó Gustavo Alfaro me quería. Al otro día recibí un mensaje de Campe y me dijo ‘bienvenido a tu arco’”. De esta manera comenzaría la última etapa en el club de sus amores, con títulos junto a su amigo Esmerado.


 



Ya en Sarandí nuevamente, Alejandro se mostró totalmente agradecido a una persona, “Gustavo Alfaro es un profesor, te enseña en todo momento. Él me mando a estudiar coaching”.
Allí formo parte de un plantel muy ganador con la base de jugadores surgidos en la cantera del club,
“la carrera que hicieron el Gordo Marcone, Damián Pérez, Tincho Nervo, Cuesta y Bicho Aguirre no es casualidad, ellos manejaban todo."


 



 

En la misma línea, aclaró que "tanto el Gato como yo aprendíamos de ellos, ellos son Arsenal. Hoy todavía habló con gente de Lanús y siguen maravillados con Marcone, el Gordo es el mejor 5 del país, es un crack”, dictaminó sin dudar.
Con ese sentido de pertenencia y esa calidad de jugadores, Ale declaró que
“los títulos de Arsenal no fueron casualidad ni regalos de nadie”. 


 



Al llegar al final de su carrera, con Caruso Lombardi de técnico, pensó en retirarse nuevamente pero “me crucé a Julito en el pasillo y me dijo ‘te necesito mínimo 6 meses más, el lunes hacemos la extensión del contrato’, lo abracé y le dije gracias. Recuerdo que en ese último semestre jugué algunos partidos y sentía que podía seguir haciéndolo”.

Visiblemente emocionado detalló algunas cosas que sucedieron el día que decide colgar los guantes, “esa noche también me mandó un mensaje Campestrini diciendo que el arco lloraba porque se iba un grande”, recordó entre risas. A su vez, contó que en el último partido espero a que todos se duchen para ir solo a disfrutar de su último baño en el Julio Humberto Grondona pero alguien se acercó “el Tanque Silva me vio y se duchó conmigo, recuerdo que me preguntó que sentía y exploté. Estuve media hora llorando”. También quiso destacar al uruguayo Silva
“jugador con más código que él no hay”.


Hay una frase que es muy usada por los jugadores y ex jugadores del club, pero Alejandro se encargó de enaltecerla “cuando todos dicen que Arsenal es una familia es la realidad. En el momento que volví al club después de 8 años estaban las mismas caras, el que me abrió las puertas era Jacinto como siempre. Otro detalle que demuestra esto es el Papu Gómez que hasta el día de hoy es bandera de Arsenal. En mi último año de profesional, llegó de vacaciones y vino a regalar cosas, preguntar que hacía falta”, añadió.


Su gran carrera culminó, pero junto a sus amigos Coldeira y Esmerado decidió seguir ligado al fútbol, “en el quincho de mi casa tomamos la decisión de arrancar como cuerpo técnico y a los pocos meses nos surgió la posibilidad de ir a Brown de Puerto Madryn. Fue una experiencia hermosa dónde no ascendimos por un gol”, se lamentó.
Dicha campaña les permitió dirigir en Primera División, precisamente a Temperley. Allí tuvo un buen paso pero no logró que el equipo mantenga la categoría. A la otra temporada, en el Nacional, le tocó ir a Almagro con el campeonato empezado “estábamos muy bien, muy contentos, pero nos surgieron sondeos de Huracán y algunos clubes del exterior, entonces decidimos irnos apenas terminó la temporada. Al final no se dio la posibilidad de ir a esos equipos y nos quedamos sin trabajo, pero a los pocos meses apareció Chicago y tomamos la decisión de ir y arrancar como pudimos. No logramos sacar los resultados que necesitábamos y nos tuvimos que ir”, cerró.


Parecía que los caminos de ellos tres volverían a cruzarse con Arsenal, “estuvimos a minutos de agarrar, pero Humberto (Grondona) finalmente había decidido continuar y nos llamó Julito para comunicarnos eso cuando estábamos yendo para Sarandí a firmar. Obviamente queríamos volver porque es nuestra casa, pero no nos cayó mal. Soy un agradecido a la familia Grondona y a Arsenal, aunque si era por nosotros, íbamos nadando”, afirmó mitad en broma y mitad en serio.


 

 


A pesar de esto y de estar muy contento con su vuelta a Almagro, reconoce que “con el Gato nos imaginamos y soñamos dirigir Arsenal. Ojalá sea un momento dónde estemos capacitados para hacerlo. Lo deseo, lo quiero y lo voy a buscar”, sentenció.

 

 

 

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