Buenos Aires,

 

 

23/04/2020
Fabio Pereyra: “Lo que más disfruté fue el festejo y la caravana contra Defensores de Belgrano”

Es reservado, pero en un nuevo #VivoHDA conseguimos que el central del Arse nos cuente un poco de todo el camino recorrido por el ascenso antes de disfrutar de este presente en el club. La historia de vida de un luchador que nació en Entre Ríos, trabajó de todo un poco y, por el fútbol, pasó por todos los puntos cardenales del país hasta alcanzar el pico de su carrera en Sarandí.

 

 

 

Tiene la camiseta de la final del ascenso encuadrada en su departamento, su manera de atesorar aquel momento glorioso hace ya casi un año. Empezamos el vivo, y se muestra presto a la charla. Con el mate en la mano, Paio Pereyra se dispone a contarnos un poco más de su historia.  Primero, la familia, y una historia particular con sus hermanos, Javier –ex futbolista- y Nery, que tomó otro camino pese a jugar con él en Federal, Entre Ríos, su lugar de nacimiento: “Somos ocho hermanos y soy el más chico. Cinco mujeres, que todavía viven en Federal, y tres hermanos. Uno fue futbolista y el otro jugaba también, pero se recibió de perito topocartógrafo. Era mejor de los tres, jugaba de ‘5’,  pero no le gustaba entrenar, era medio vago. La noche anterior a los partidos yo me quedaba durmiendo y él iba al boliche, ja.” Ya más adelante en su carrera, Paio se iba a encontrar con Javier, el hermano más grande, adentro de la cancha: “En Independiente Chivilcoy pude cumplir el sueño de jugar junto a él, hicimos dupla central. Es mi ídolo, siempre fue un espejo en el que me reflejé para hacer mi carrera”.

 

 

Hay un comienzo en la carrera de Pereyra, que se dio cerca de Federal, pero luego se trasladó a la liga rosarina e implicó que el central se tuviera que arremangar y hacer varios sacrificios, como trabajar y entrenar a la vez: “Empecé a jugar en un club a 80km de Federal. Estuve tres meses y me fui a jugar a la liga rosarina, a Unión de Álvarez, dos años y medio. Vivíamos 30 chicos en una pensión muy precaria y tenía que trabajar para bancarme.  Laburé de carpintero y zapatero, e iba a entrenar a la tarde”. Impulsar su trayectoria lo alejó de casa y lo obligó a madurar rápido, pero nada de esto lo detuvo: “Siempre le metí para adelante porque tuve un objetivo y fui detrás de él. Por momentos cuando me acostaba pensaba en el esfuerzo que estaba haciendo, y sabía que después de eso iba a venir algo bueno”.

 

Pereyra no llegó a Arsenal hasta 2018, pero señala a un ex del Viaducto, Roque Drago –a quien tuvo en la C.A.I. de Comodoro Rivadavia-, como uno de los técnicos más importantes de su carrera: “Fue del que más aprendí, porque como era el más joven del plantel me agarraba después de las prácticas y me hacía quedarme a trabajar los perfiles. Era insportable, en un momento no lo quería ver más, pero me enseñó mucho”. La influencia de Drago también le resultó importante en su paso por San Jorge de Tucumán, donde como ayudante del Chino Aquino lo apoyó cuando tuvo que atravesar una lesión: “Cuando llego venía arrastrando la pubialgia, y el Chino no me conocía. Una semana después llegó él a esa pretemporada, le habló de mí y eso hizo que el Chino me bancara para después ser titular. Ni bien llegó estábamos peleando el descenso, pero nos salvó. Es un amuleto”.

 

 

Además del Chino Aquino en el banco, Pereyra compartió plantel en San Jorge con otro protagonista importante del ascenso en 2019, Jesús Soraire, a quien recibió de manera particular en su primera práctica de fútbol: “Cuando llego a San Jorge, en la primera práctica me tocó jugar en contra de él. Él la pisaba para un lado y para otro, y bueno… se me escaparon un par de patadas de bienvenida, ja. Empezamos a hablar más porque me pidió una rutina de gimnasio para mejorar su físico. Es muy preguntón, muy curioso”. Más allá de aquel cruce, el entrerriano supo de movida las cualidades de Soraire, y no se priva de elogiarlo: “Uno se da cuenta cuando un jugador es distinto, y Jesús era uno de esos. Más allá de su capacidad con la pelota, es muy inteligente”.

 

Ya nos trasladamos al año del ascenso, y Pereyra revive un par de recuerdos de aquel camino, en el que dejó una sensación particular hablando del duelo ante Defensores de Belgrano, previo al agónico tanto de Torrent: “El momento más difícil fue esa seguidilla de cinco partidos sin ganar. Después no perdimos más, y cuando ganamos contra Defensores de Belgrano ya sabía que íbamos a ascender. Dentro del mismo partido, cuando Gastón erra el penal, sabía que nos iba a quedar otra. Por suerte vino el golazo del Torpedo”. Además, dentro de su galería de recuerdos imborrables, Paio subrayó el acompañamiento de la gente aquel día frente al Dragón: “Se disfruta mucho del día a día con el plantel, que de hecho es lo que más se extraña ahora. Pero si tengo que elegir otros momentos, además de la final con Sarmiento, son el festejo post partido y la previa con caravana de la gente el día que le ganamos a Defensores”.

 

A la hora de evaluar a Arsenal dentro de su carrera, Pereyra no sólo pone al club en lo más alto, sino que expresa gratitud por el presente: “Disfruto mucho estar acá, soy un agradecido y siempre voy a estarlo, no sólo al Huevo que me llamó sino a los dirigentes que dieron el OK para que venga. Yo era un jugador desconocido y no me imaginaba jugar en un club con tanta trayectoria y títulos conseguidos. Hoy puedo jugar en la categoría más linda del fútbol argentino”.

 

 

Para el final, y después de varias cargadas en el vivo de sus compañeros de plantel, el defensor nos dejó promesa de un challenge futuro en Hablemos de Arsenal oficiando de cantante: “Acepto el desafío, pero con música de fondo. En el plantel me cargan y me piden que cante. Realmente no sé cantar, pero le meto actitud, ja”.

 

 

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