Buenos Aires,

 

 

07/11/2017
Cronología de un papelón

Desde el 0-0 de ayer ante Tigre hasta hoy por la tarde, el club se vio sacudido por una innumerable cantidad de acontecimientos que desnudaron, como mínimo, una seria falta de capacidad para manejar coyunturas. Humberto renunció y desfiló por los medios toda la tarde para luego comunicar que se quedaba, cuando ya se pensaba en su reemplazante. Nadie de la CD salió a comentar nada sobre lo sucedido y Grondona seguirá en su cargo, como si nada hubiese pasado.

 

 

Lunes, 19.47hs. Leonardo Rolón, luego de zafar de ser expulsado por agredir a un rival -es la segunda vez que lo hace-, intercambió insultos con la platea. Diez minutos más tarde, con el partido concluido en 0-0 y el clima aún más caldeado, el equipo se retiró al vestuario reprobado por otra decepcionante actuación. Se le sumó algún tumulto entre plateístas y un cruce entre un reconocido empleado del club y algún hincha con el que intercambió más improperios debido a que éste estaba denigrando a un futbolista. La cosa entre este simpatizante y el empleado de vasta trayectoria no terminó ahí, ya que el último se quedó con ganas de ir a confrontarlo y tuvo que ser detenido en la zona mixta por otras dos personas del club. Papelón tras papelón.



Esto fue solamente el comienzo de lo que sería un día y medio frenético en la vida de Arsenal, puesto que en la conferencia de prensa Humberto Grondona bancó a su equipo y eligió cargar contra la gente (“Si fuera por su gente, Arsenal ya estaría en la B Nacional”, dijo) en lugar de reconocer las carencias que fecha a fecha muestra su conjunto, que sacó cuatro puntos en ocho fechas y se encuentra en zona de descenso a catorce puntos del último equipo que hoy está salvando la categoría. Además, a Rolón no se le bajaron los humos tras el encuentro e hizo unas declaraciones que fueron todo lo contrario a apaciguar los ánimos. Hasta ahí, podría considerárselo un día como cualquier otro en un club en el que las cosas no van bien. Sin embargo, la cosa no quedó ahí.




Hoy al mediodía, tras el día libre que tuvo el plantel, trascendió la noticia -confirmada a nosotros por el presidente- de que Humberto Grondona había decidido dejar de ser el técnico de Arsenal. Una decisión que, dados los numerosos partidos intentando distintas variantes sin encontrar respuestas desde el funcionamiento y los resultados, se antojaba lógica. Su dimisión, no obstante, trajo una oleada de apariciones en diferentes medios: acusaciones contra gente del club (llamó “alcahuetes del presidente” a algunos dirigentes), allegados y la prensa partidaria, más la confirmación de que volvería a remover a esa gente cuando tuviera la oportunidad. Más allá de la veracidad o no de sus dichos, el entrenador jamás mencionó razones futbolísticas ni hizo una mínima autocrítica de su desempeño en la Superliga.



Sin embargo, cuando la novela parecía terminada e incluso ya sonaba Gastón Esmerado como posible reemplazante del mayor de los hijos de Don Julio, el entrenador decidió dar marcha atrás con su decisión a eso de las cinco de la tarde. Y así como salió a hablar de su renuncia unas horas antes, Grondona volvió a aparecer en algunos programas de radio y televisión para comunicar su arrepentimiento, alegando que hubo futbolistas que le pidieron que revise esa decisión y que “no podía dejar abandonado al plantel que él mismo había armado”, argumentando además que no le podía dar de comer a "tres o cuatro giles que no cooperan en nada". De paso ligamos también los que cubrimos a Arsenal: “Los partidarios, encima de que no ponen un mango, opinan y dicen que yo estoy mal con el grupo, y eso es una estupidez”.



Con esto se completó un círculo de veinticuatro horas ultra movidas dentro de un club que se caracteriza por su tranquilidad, y ya muy lejos en el tiempo, por una seriedad que fue quedando atrás desde aquel episodio que terminó con el alejamiento de Gustavo Alfaro, allá por abril del 2014. Un maratónico día y medio que dejó entrever que en Arsenal no hay una presencia firme en la CD, con su hermano Julio Ricardo a la cabeza. No solamente por permitir la decisión de un técnico, empleado del club, de ir marcha atrás con su renuncia, no por convencimiento de la dirigencia -que ya buscaba reemplazante-, sino porque él mismo pensó que debía quedarse, también por el silencio que hubo. Nadie le puso un freno a Humberto ni salió a aclarar absolutamente nada de lo que fue un día más que confuso, y hoy todo sigue igual, como si nada hubiera pasado. Pero lo que pasó fue papelón tremendo, que dejó a Arsenal muy mal parado y agrega malestar a un presente que ya de por sí no era para nada auspicioso.



Por Juan Sáber y Matias Hermann

 

 

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