Buenos Aires,

 

 

06/04/2018
La despedida: cimientos fuertes, gloria y debacle

El pasado domingo se terminó, al menos por un rato, el recorrido de Arsenal en la Primera División. Desde Hablemos de Arsenal desandaremos lo más destacado de este camino y una reflexión final de los 16 años en Primera de un Viaducto que, mal que le pese a muchos, tiene su lugar ganado en Primera y deberá demostrarlo volviendo a ser el que fue.



El 18 de mayo de 2002 fue una fecha que cada uno de los hinchas de Arsenal va a recordar como un quiebre marcado en la historia: en aquella vieja cancha que aguantó como pudo el fervor de más de 10.000 personas, el Viaducto consiguió ganar la final por el segundo ascenso ante Gimnasia de Concepción del Uruguay y llegó a la Primera División por primera vez en su historia. Con Jorge Burruchaga como técnico y la base de jugadores que consiguió el ascenso - Alejandro Limia, Gastón Esmerado, Javier Morales, Carlos Ruiz, Patricio González, Gustavo Grondona y Darío Espínola- el cuadro de Sarandí tenía ahora la ardua misión de pasar por la máxima categoría del fútbol argentino demostrando por qué llegó hasta ahí. Y vaya si lo hizo. El inicio del camino fue ante Olimpo, en cancha de Lanús –donde se hizo de local un año-, con una victoria 1-0 firmada por Mauricio Piersimone. Ese primer torneo la cosecha fue una buena suma de veintisiete puntos, terminando en la octava posición.



Pasó ese primer año, en el que sin sobrarle demasiado pero lejos de sufrir el Viaducto consumó su permanencia. Las cosas siguieron yendo bien en la siguiente campaña: Burruchaga y ese núcleo duro del plantel continuaron llevándose a la perfección, sacando buenos resultados, alejándose de la zona de riesgo y, finalmente, alcanzando la primera de las hazañas: clasificar para una copa internacional, la Sudamericana. Luego de estrenar la cancha nueva en esa competición, el 10 de agosto del 2004, Arsenal superó a Banfield en primera fase y a River en la segunda para luego caer frente al Bolívar –que fue luego finalista-. A los mencionados caudillos que ascendieron con el Viaducto se le sumaron José Luis Calderón, Carlos Casteglione, Santiago Hirsig y un periplo de Germán Denis, entre otros. El romance duró hasta 2005, año en el que varios de estos futbolistas y el técnico fueron tentados por retos mayores. Arsenal se mantuvo a flote desde ahí con alguna dificultad –pasaron José María Bianco y un fugaz Miguel Ángel López- hasta la llegada de un hombre que le cambió la vida al club.

 



Gustavo Alfaro: dos ciclos y muchos sueños cumplidos

Tras un ciclo sin demasiadas luces de Bianco al frente del plantel, un Gustavo Alfaro que llegaba de una había sido contratado por la CD de Arsenal por recomendación de Julio Humberto Grondona, el pope de AFA que solía ser una guía para el club cuando hizo falta su palabra en alguna decisión importante. En esta, Don Julio le cambió la vida a Arsenal. Una campaña de 32 puntos en el Torneo Apertura 2006, la mejor del club hasta ese momento, instaló al club por segunda vez en una copa internacional, nuevamente la Copa Sudamericana. El año siguiente, Arsenal la levantaría logrando lo que es para muchos el máximo éxito de las posteriormente cargadas vitrinas del Viaducto. Alfaro edificó un equipo con su estilo: apostó a la solidez como primera medida, y a medida que pudo tanto él como su propio plantel le fueron agregando otras virtudes y matices. En la proeza de 2007 quedó retratado un equipo quizás no tan valiente desde la propuesta, pero sí desde el carácter para competir contra rivales pesados a los que no pudo sacarle ventaja de local pero sí como visitante. Pasaron el San Lorenzo campeón de Ramón Díaz, el Goiás de Brasil, Chivas de Guadalajara –ningún equipo argentino había ganado en el Estadio Jalisco-, River en una dramática definición por penales y el América, al que se bajó en México derrumbando todos los pronósticos de una prensa mexicana que ninguneó a más no poder al Arse y terminó viendo caer al equipo más grande del país en el mismísimo Estadio Azteca. La vuelta no fue tan fácil porque los nervios de hacer historia pesaron, sin embargo el heroico gol de Martín Andrizzi a siete minutos del final desató la euforia de todo un pueblo que no terminaba de caer ante lo que estaba ocurriendo. Arsenal de Sarandí se dibujó la noche del 5 de diciembre de 2007 la primera estrella de su historia. Nombres como el mencionado José Luis Calderón, Mario Cuenca, Aníbal Matellán, Javier Gandolfi, Alejandro Gómez, Andrés San Martín, Javier Yacuzzi, Carlos Casteglione y el propio Andrizzi fueron puntales en la conquista de un grupo de verdaderos hombres.

 



Pasó después un tiempo y el 2008 empezó flojo, con un debut en Copa Libertadores en un grupo difícil en el que Arsenal quedó eliminado pese a ganar tres partidos en esa zona compartida con los finalistas Fluminense y Liga de Quito. En un torneo que presentó sus dificultades llegó la posterior salida de Alfaro, pero solamente para volver un tiempo más tarde. Poco después apareció la conquista de la Copa Suruga Bank a mediados de año y bajo la tutela de Daniel Garnero, que también disputó una final de Recopa ante Boca. Fue derrota, aunque el Arse mostró –sobre todo en la Bombonera- algunos resabios de una capacidad competitiva que poco a poco se fueron diluyendo y tanto bajo Garnero como luego en el posterior retorno de Burruchaga, a Arsenal le costó hacer pie en los torneos que disputó.

Corría el año 2010, en el que tras un torneo muy flojo del Viaducto la realidad marcó que el club se estaba empezando a complicar con los promedios. Desde la CD fueron a buscar nuevamente a Lechuga, quien aceptó el desafío. Un buen Apertura 2010 en el que se igualó la campaña de 32 puntos de 2006 –aunque esta vez terminando tercero- dio el ticket para la Copa Sudamericana 2011, pero antes había que completar la tarea de salvar al equipo del descenso y la antigua promoción, algo que terminó de conseguirse en la anteúltima fecha del Clausura 2011. La segunda parte de ese mismo año ilusionó en algún momento con volver a levantar la Sudamericana, pero la U de Chile de un tal Jorge Sampaoli le puso fin a ese sueño, un golpe que quedó subsanado con la clasificación a la Libertadores 2012. Igualmente, y pese a que el hincha debía estar conforme con ese logro, algo mucho mejor estaba por venir.



Ese 2012 estuvo retratado por el que es, a nuestro entender, el máximo logro de Arsenal en su paso por Primera División. La campaña del Clausura 2012 fue sin dudas el éxtasis máximo en la historia del club, subiéndose a la cima del torneo doméstico a dos fechas del final en La Bombonera y goleando 3-0 a un Boca que tenía como objetivo hacerse con el torneo, la Libertadores y la Copa Argentina. La fecha final, ante Belgrano y en Sarandí, fue la coronación de la tarea. Lisandro López, el defensor goleador y hombre más talentoso de ese plantel, quedó inmortalizado al marcar el 1-0 con el que Arsenal se consagró campeón del certamen. Injusto es no señalar, además de Alfaro, la base de ese equipo que levantó el trofeo: los pibes del club Damián Pérez, Iván Marcone, Darío Benedetto, Nicolás Aguirre y Martín Nervo jugando un papel importante, sumado al liderazgo de Cristian Campestrini desde el arco, una dupla central infranqueable conformada por López y Guillermo Burdisso, más el juego que aportó Jorge Ortíz y los goles de Luciano Leguizamón, integrante fundamental, y Emilio Zelaya. Once victorias, cinco empates y tres derrotas, treinta goles a favor –el que más marcó, junto a Boca- y quince en contra –el segundo que menos recibió- fue la cosecha total de ese Arsenal cuya marca será siempre indeleble.

 



Poco después, el Viaducto empezó a construir nuevas noches soñadas: Catamarca se volvió una ciudad casi que de culto, ya que se ganaron las dos finales subsiguientes que se jugaron ahí. Primero fue el turno de la Supercopa por penales frente al Boca de Julio Falcioni y luego la Copa Argentina 2013, en la que el Viaducto dio una muestra de identidad aplicada al mango al golear 3-0 a un San Lorenzo que llegaba envalentonado. Además jugó tres veces al hilo la Copa Libertadores, e incluso llegó a cuartos en 2014, poco antes de que todo empezara a derrumbarse. Logros y recuerdos inolvidables que llegaron al fin cuando en abril de 2014 el Presidente decidiera no contar más con los servicios del hacedor de la mayoría de los logros de Arsenal. Una relación desgastada, con equivocaciones de ambos lados, pero que dio la sensación de que el menor de los hijos de Julio Grondona pudo haber finalizado de una mejor forma.

 




La debacle

Arsenal tuvo cinco técnicos desde su ascenso en 2002 hasta abril de 2014: dos ciclos de Jorge Burruchaga, José María Bianco, Miguel Ángel López, un par de exitosos pasos de Gustavo Alfaro y la estadía de Daniel Garnero. El posterior y desgraciado periplo de los últimos casi cuatro años vio a la misma cantidad de entrenadores pasar por el banco del Viaducto, obviamente con resultados casi diametralmente opuestos a los de los previos doce años. Sacando el primer ciclo de Rondina, que aunque debió irse luego, logró una identidad en la primera parte 2016 y fue el último en clasificar el equipo a una competición internacional, los mandatos del excéntrico ‘sacapuntos’ del micrófono, Ricardo Caruso Lombardi, como los de Lucas Bernardi, Martín Palermo y Humberto Grondona no han hecho más que mandar al club derecho por una pendiente sin freno. Lo muestran los últimos torneos largos, en los que Arsenal redondeó campañas menores a los treinta puntos sin salir jamás de los últimos puestos de la tabla.



Pasar a tener chances de pelear una Copa Libertadores, allá por ese fatídico abril de 2014 en el que el Presidente del club decidió echar a Alfaro por “haber pasado por encima de él”, a este presente en sólo cuatro años tuvo –obviamente- un compendio de elementos negativos. Algunos más comprensibles, como la contratación de Palermo que no dio los frutos necesarios, otros imperdonables, como lo fue el mal manejo de la balanza en 2015 –algo reconocido por gente de la propia dirigencia-. Se venía de un gasto grande por la Libertadores anterior y tras la ida de dos campeones de las inferiores como Nicolás Aguirre y Martín Nervo, jugadores como Cristian Chávez, Matías Sarulyte, Matías Campos Toro, Santiago Silva, entre otros llegaron al plantel con un sueldo desorbitado para lo que jugaron y rindieron. Este desfasaje generó la necesidad de recurrir a una ayuda económica, que en el caso del Viaducto fue caer en manos de un rapaz en ascenso como Christian Bragarnik.



La cosa empezó bien: la gerenciadora aceptó la continuidad de Rondina, un entrenador no representado por ellos y ayudó a reconstruir un plantel diezmado de buena manera, algo que el Huevo capitalizó con una campaña que terminó llevando al equipo a la Copa Sudamericana 2017. No obstante, el actual cuerpo técnico de Arsenal no iba a poder disfrutar de ese logro debido a que los encargados de poner el dinero en Sarandí empezaron a hacer de las suyas. Tras un pedido de levantar la vara en la segunda parte del año y habiendo perdido a Federico Lértora y Mariano Barbieri, dos futbolistas importantes, la gerenciadora esta vez priorizó otros clubes en donde su influencia da mayores réditos y le acercaron a Arsenal lo último -y lo peor- que tuvieron a mano. La campaña resultó caótica: la salida de Rondina tras sólo siete partidos, una corta estadía de Bernardi y seis meses a los tumbos con errores y aciertos de Humberto Grondona dejaron al Viaducto al borde del abismo. Es verdad que logró salvarse del descenso una fecha antes, sin embargo el club quedó obligado a realizar una cosecha de puntos holgada para no sufrir en esta temporada. Como todos sabemos, eso estuvo lejos de pasar.

 



Grondona armó un plantel con muchos jóvenes que conocía, y apostó a Pablo Santillo, Lucas Wílchez y el capitán Claudio Corvalán como sus referentes para guiar a una camada de pibes que, aunque no fueron superados por casi ningún rival –más por el flojo nivel de esta Superliga que otra cosa- perdieron demasiados partidos por errores propios que luego no pudieron enmendar por su falta de jerarquía de cara al arco rival. Para colmo de males, empezaron las fracturas entre él y su hermano, más ciertos cortocircuitos con el hincha, cosas que empeoraron una realidad que estaba ya muy cacheteada. Después de una derrota en Sarandí con San Martín de San Juan, el Presidente le pidió a su hermano la renuncia, Humberto rechazó esto y Julio Ricardo no pudo torcerle el brazo. Luego de esto se dio un hecho muy doloroso que marcó la realidad del club: un par de partidos después, un agobiado Humberto renunció a su cargo pero se arrepintió el mismo día y volvió para “no darle la razón a sus detractores”. Sin la oposición de nadie –otra muestra de debilidad dirigencial- y mucho menos un comunicado oficial del club aclarando la situación, todo siguió como si nada. Humberto se iría luego en diciembre y su hermano salió a confesar que quizás debió haber actuado de otra manera, pero ya era tarde. Fue tarde para Arsenal.

 



Llegó Rondina nuevamente, querido por el hincha y consciente de que la situación era crítica aunque no imposible de salvar, cosa que se vio reflejada en el trabajo diario de su cuerpo técnico. Sin embargo, pese a una mejoría en la mayoría de los duelos que Arsenal lleva disputados en esta segunda parte del año, no alcanzó. Otra vez la falta de jerarquía, más ciertos errores puntuales en los partidos, volvió a conspirar contra el destino de un Viaducto que poco a poco se fue despidiendo de su condición de equipo de Primera. El mazazo final lo dio Patronato al ganarle a Rosario Central tras el empate de Arsenal con Chacarita, pero la sensación de descenso terminó por destaparse en el duelo clave ante Olimpo, donde la caída tuvo un tinte definitivo. Seis fechas antes un final bastante indigno que pagan un plantel y un cuerpo técnico no tan responsables como otros anteriores, aunque los que deberán dar mayores respuestas de cara al futuro son los encargados del destino del club. Qué quieren para Arsenal, cómo se construye un camino de vuelta, con qué recursos se financia y demás preguntas quedarán para el futuro cercano de un club que cuenta con el trabajo de sus empleados, pero hace años no parece poseer una visión clara.



El pasado de este Arsenal de Sarandí fue inolvidable, se consiguieron cosas que se creían imposibles, pero todo eso forma parte, justamente, del pasado. Hoy el club necesita un futuro próspero: que los dirigentes ayuden al cuerpo técnico, se asesoren si hay situaciones difíciles o inesperadas y que incluyan un poco más al hincha, que se siente algo abandonado hace un buen tiempo. Sin borrarse ni enojarse, dejando todo por el club que en teoría aman y por el que han trabajado toda la vida. Claramente la situación demanda más y mejor trabajo. Arsenal se lo merece, hay que dárselo para volver al lugar que merece, que tan bien se ganó.



NOTA EDITORIAL - STAFF DE HABLEMOS DE ARSENAL
 

 

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